El cielo ya era suyo

En la mañana del pasado domingo un rumor empezó a cobrar fuerza por las calles de Tabuyo “Emilio el de Amalia había tenido un accidente con el helicóptero”, la gente quedaba impactada al oírlo, el desasosiego iba en aumento… Emilio era conocido por todos debido a su trato afable, un hombre campechano que sobrevolaba el pueblo en círculos con su helicóptero a modo de saludo. Pero sobre todo porque era una buena persona, un tipo honesto, sin fisuras y siempre dispuesto a ayudar, con una vida que dedicó al servicio a los demás y que acabó, como no podía ser de otra forma, en auxilio del que lo necesitaba… confirmados los peores presagios, el dolor y la pena ya no tuvieron consuelo, se había ido Emilio y como dicen de todas las personas buenas, se había ido al cielo, un cielo que ya era suyo.

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Fue en el rescate de un montañero herido en el pico La Polinosa (Maraña), allí perdieron la vida tres especialistas de élite formados en rescates en alta montaña y situaciones difíciles,el teniente Marcos Antonio Benito Rodríguez (Madrid) de 49 años, el especialista en montaña, José Martínez Conejo (Laguna de Negrillos) de 47 años y el capitán Emilio Pérez Peláez, que nacido en San Pedro de Ceque (Zamora) hace 55 años, vino a casarse a Tabuyo con Amalia y tuvieron dos hijos, Dani y Laura, buena gente todos ellos. Una vez despedidos con honores (Medalla al Mérito de la Guardia Civil con Distintivo Rojo y Cruz de Oro de Protección Civil con Distintivo Rojo) en la catedral de León, ante un pueblo leonés reunido como nunca y en respetuoso silencio, Amalia, Dani y Laura volvieron a Tabuyo para recibir el cariño de sus vecinos, amigos y compañeros y honrar con una misa la memoria de Emilio. También quisieron mostrar sus condolencias y arropar a la familia los representantes de la Junta Vecinal, del Ayuntamiento cuyas banderas ondeaban a media asta, de la provincia, del gobierno y mandos de la Guardia Civil y el Greim, y también estuvo en Tabuyo el sargento jefe del Greim de Sabero, Enrique Ferrero, compañero de los fallecidos y único superviviente del terrible accidente, otro de los héroes que “se la juegan” por ayudar a otros y a los que nunca estaremos lo suficientemente agradecidos.

Así relata Avigamo, Anselmo Vidal del Greim, el accidente que le costó la vida a tres de sus compañeros, en www.foropicos.net:

El capitán Emilio era un piloto con mucha experiencia en rescate. Profesionalmente era nuestro piloto preferido porque sabíamos que siempre nos acercaba lo más posible hasta el montañero accidentado y sin ponernos en peligro en situaciones que él dominaba como nadie. Recuerdo una vez que le costó muchísimo dejarnos en tierra junto a un herido. Desde el aparato notábamos que aquello saltaba y se movía de una forma fuera de lo normal, pero al descender a tierra es cuando realmente notamos el fuerte vendaval.
Nos dejó con un apoyo de patín parcial y remontó el vuelo en espera de que metiéramos el herido en la camilla para volver a recogernos. Desde tierra nos daba la sensación de que el viento había aumentado aún más desde que bajamos.
Mi compañero y yo sabíamos que con ese viento iba a ser muy difícil volver a acercarse por lo que ya nos estábamos mentalizando para una dura y larga jornada de porteo de camilla. Buscamos un punto que nos parecía mejor y le marcamos el aterrizaje con los brazos en alto, casi sin poder mantener el equilibrio por las sacudidas del viento.
El aparato se acercaba dando grandes saltos en el aire y meneándose más que una mosca cojonera. Ningún piloto humano conseguiría posarse con un viento así. Ningún piloto, salvo Emilio. Para él fue una maniobra de rescate más, en la que en todo momento llevó el control de la situación sin inmutarse lo más mínimo.
Segundos después estábamos todos volando con el herido de camino al hospital.

El Teniente Benito, era el piloto que todo compañero querría tener en su unidad. Manejando el helicóptero era un virtuoso. ¿Alguna vez habéis visto a esa gente que con una bicicleta realizan equilibrios increíbles subiendo a cilindros de cemento, rodando a lo largo sobre barandillas del ancho de su rueda, etc? Pues ese era Benito en versión helicóptero. Realizaba maniobras en montaña con una precisión y soltura impresionantes. Nunca daba por perdido un objetivo sin haberlo intentado antes. Y si no lo conseguía nos pedía perdón por tener que dejarnos tan lejos. Era todo un piloto de acción que cada vez que terminábamos un rescate revivía con nosotros los momentos más tensos del vuelo, diciéndonos cosas como por ejemplo ¿visteis cómo nos lanzó el viento contra la pared, que flipe, eh?

El Guardia Conejo era un GREIMAN de Sabero. Compañero diario de trabajo…
Ser compañeros de trabajo en una profesión como la nuestra es diferente. Yo soy montañero en mi vida privada y creo que la mejor forma que se me ocurre de enseñaros cómo es nuestra relación es trasladándolo a una visión montañera.
La relación entre montañeros y escaladores es diferente. Los lazos que se crean después de compartir una jornada de montaña son muy grandes. Mientras más dura es la jornada, más gratificante se vuelve ese lazo de amistad. Al ponerte en manos de tu camarada estás no solo confiándole tu vida, sino también la llave de tu corazón.
Día sí y día también, nosotros vivimos esta situación. Es un sentimiento de confianza mutua entre compañeros, reforzado por el claro objetivo en que el herido que tienes a cargo salga de ahí sin problemas.

Os voy a contar un pequeño relato para que conozcáis esta aplicación, en grado superlativo.
Un chico que estaba realizado una carrera por montaña de estas de súper héroes, tuvo una caída en el pico Polinosa. Tuvo la desgracia de caerse y ocasionarse una fractura abierta de peroné. Un compañero que iba con él avisó del problema y dada su situación y lo entrada de la noche se decidió acudir en su auxilio al amanecer en helicóptero.
Mis compañeros lo localizan y en un primer apoyo parcial de helicóptero se bajan y entablillan al herido.
Por la inclinación del terreno, la buena forma física y voluntariedad del herido deciden que lo puede subir directamente al helicóptero sin usar la camilla.
El helicóptero regresa y vuelve a apoyar el mismo lugar para que suban. El primero en subir es Conejo para ayudar desde dentro a que suba el herido. A continuación mi compañero Kike ayuda al herido a que se incorpore y se suba al aparato. Conejo le agarra firmemente el brazo desde dentro y en ese momento las aspas del helicóptero comienzan a desintegrarse contra una roca. Conejo está en el aparato viéndolo y sabe lo que va a suceder. En otras circunstancias podría saltar fácilmente y ponerse a salvo, pero tiene al herido delante de la puerta (es el más antiguo de mis dos compañeros y a pesar de que Kike es el sargento, impera la experiencia del más antiguo). Le lanzó una mirada a mi compañero Kike que ordenaba “ponlo a salvo” y a continuación le soltó el brazo para que Kike lo pudiera retirar.
Kike tiró fuertemente del herido y lo agazapó en la repisa junto a él, mientras las esquirlas de las aspas salían disparadas en todas direcciones.
A continuación el aparato cayó por el cortado de treinta metros, destrozándose contra el suelo y destrozando la vida de cuantos iban dentro.
Desde la repisa Kike miraba impotente lo que estaba sucediendo. No podía ser verdad. Seguro que los compañeros están bien. –Tengo que bajar a socorrerlos.
Intenta dar aviso del suceso y se ve obligado a hacer cima para conseguirlo. A continuación desciende destrepando hasta los restos del aparato.
-La columna de humo negro era visible desde Cármenes, me dijo un compañero de rural.
Cuando llega verifica que los tres han fallecido.
-Piensa Kike, piensa. ¿Qué hago?
Ya no puede hacer nada por los compañeros, así que se centra en el herido.
Busca la camilla entre los restos del aparato, la recoge y sube hasta el herido de la carrera. Se sitúan en lugar seguro y lo introduce en ella. El herido está flipando. Conozco a Kike y sé que le estaría tranquilizando continuamente. No es momento para entrar en shock.
Comienzan a llegar los equipos de rescate y contactan con él.
Quieren evacuarlo junto al herido pero él se niega a irse porque quiere colaborar en el rescate de los compañeros fallecidos. Ole tus huevos, compañero.
Todos mis compañeros se han marchado para allá, yo estoy solo en Sabero. Haciendo lo único que puedo hacer por culpa de este puto tobillo que rompí. Atender las llamadas oficiales y llorar junto a mi compañera sentimental y unos amigos que se han acercado al cuartel para arroparme en la espera.
Oigo por la emisora oficial que ya han evacuado a todos los fallecidos y momentos después llega a Sabero el helicóptero de Junta. Dentro trae a Kike. Cuando lo veo, no puedo evitar bajar corriendo como puedo las escaleras que me separan del helipuerto y lanzarme a llorar perdidamente, los dos fundidos en un interminable abrazo.
-Perdóname, me dice. Perdóname…

No sé si con esto he llegado a acercaros un poco lo que para cada uno de nosotros significa la palabra “compañero”.
Llevo muchos años formando parte de este foro y sé que todos vosotros nos tenéis un aprecio enorme. Nunca he visto gente más agradecida y comprometida que los montañeros, por eso tenéis que saber que apreciamos mucho todas las palabras y muestras de cariño que nos estáis haciendo llegar. Somos todos una gran familia montañera y en estos momentos todos estamos de luto.

En la capilla ardiente, junto a los féretros de mis compañeros hay una corona de flores que dice: “De vuestros amigos de foropicos”

Muchas agracias, compañeros…”

Emilio

P.D. Sirva este post de El Blog de Tabuyo del Monte como homenaje y recuerdo a estos héroes del aire y la montaña, y en especial al bueno de Emilio, que descansen en paz.

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Un pensamiento en “El cielo ya era suyo

  1. Pingback: 1er Aniversario del accidente de La Polinosa | El blog de Tabuyo del Monte

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